Jóvenes, talento y… ¿acción?

por / Comentarios desactivados / 3 Vistas / 16 febrero, 2016

Tres estudiantes de la Escuela de Actores de Canarias (EAC) expresan la falta de apoyo y reconocimiento social e institucional a la formación de actores en las Islas.

María Rodríguez | Sta. Cruz de Tenerife

 Un escenario vacío es sobrecogedor. Impresiona ver lo grande que es sin nadie sobre sus tablas pero tiene que dar más miedo, para cualquier actor, tener enfrente todas las butacas vacías… Si a cualquiera le aterra no tener con quién compartir unas líneas, en el caso de escritores y periodistas, a los actores puede ocurrirles lo mismo cuando no tienen un público en el que provocar su efecto.

Menos mal que la ilusión no se ha perdido y, aunque no corren buenos tiempos para el arte, aún hay unos 85 alumnos en la Escuela de Actores de Canarias (EAC) que se forman para poder decir que su carrera es una más entre el amplio abanico de posibilidades laborales. Ahora bien, si la exigencia académica es igual que en las universidades, la profesionalidad también  ha de ser equiparable. Entonces ¿por qué la actividad artística no se puede considerar tan profesional como la de un abogado o un farmacéutico?

Jonathan Fernández Txakartegui, Paula Casiano y Alba Carvajal son alumnos de esta Escuela en la sede de Santa Cruz de Tenerife. Ninguno de ellos supera los 22 años y ya pueden decir que han colaborado con el grupo humorístico Instinto cómico o participado en la ópera Lucia di Lammermoor, junto con 300 estudiantes de otras carreras artísticas. Además, también han actuado en varias ocasiones con motivo del Día Mundial del Teatro con sus propios sketches.

Cualquier logro que se quiera conseguir en este difícil ámbito requiere mucho esfuerzo, conocimientos teóricos, largas horas de ensayos y, quizás también, un poco de suerte. Jonathan Fernández explica en una entrevista realizada en junio, en el programa Las Mañanas de Sol, cómo es el día a día en la Escuela y el grado de exigencia de esta disciplina.

A pesar del trabajo que conlleva esta especialidad, los alumnos critican que este tipo de formación esté infravalorada respecto a la de otras carreras. Alba Carvajal, estudiante de tercero, comenta que hay un tanto por ciento de la población que “no sabe, no entiende y no comprende que exista un Grado de interpretación en Arte Dramático, aunque se supone que es equivalente a un Grado universitario de 4 años”. Por otra parte, Paula Casiano también lamenta la escasez de ayudas económicas para cursar estos estudios: “Mientras en todas las carreras se pueden pedir varias becas, nosotros solo optamos a la beca del Ministerio de Educación”. Jonathan Fernández, otro de los entrevistados, además apostilló que desde el Gobierno Autonómico tampoco se han visto respaldados. Este alumno recuerda el recorte previsto hace dos años, que podría haber dejado a la Escuela con casi la mitad de financiación para el año 2013 y que, según las declaraciones del profesorado, hubiera supuesto “un riesgo absoluto” de cierre.

Con esta perspectiva reivindicativa, estos jóvenes quieren que sus voces se proyecten fuera de la Escuela, que aunque para la sociedad actuar sea solo entretenimiento, para ellos es la forma que han elegido de ganarse la vida en el futuro. Solo piden que se reconozca su valía, más allá de sus tablas como artistas, como trabajadores de una profesión regulada y reconocida.

Hay que considerar que dedicarán sus horas de trabajo a hacernos un poco más felices, que cuando se baje el telón y termine el espectáculo, los asistentes regresarán a sus casas, pero para ellos la función no termina. Al contrario, para estos tres jóvenes, acaba de empezar.

Profesionales de calidad

El presidente de la Asociación Profesional de Artistas TodoArte, Juan Carlos Blechmit, trabaja en un proyecto para promover la movilidad, apoyo y difusión de artistas. La Asociación pretende respaldar esta clase de actividades de manera profesional: “Estamos viviendo un momento muy difícil  por el intrusismo artístico. Hay personas que trabajan sin ningún tipo de preparación e incluso, en ocasiones, de manera ilegal, cobrando menos que artistas con formación”. Al respecto, añade que todo esto lleva aparejado una economía sumergida, junto a “la mala calidad artística que queremos evitar”.

Contar con una formación profesional, con independencia de la rama artística de que se trate, es una garantía de calidad que se quiere defender desde la Asociación. Según el máximo responsable de TodoArte, no se debe comparar el nivel que posee un actor, un músico o un pintor “de carrera” con las actividades de aficionados que, por supuesto, “son respetables”, pero que deben ser controladas para que no haya riesgos de intrusismo, de modo que las personas preparadas puedan acceder a posibilidades laborales acordes con sus estudios.

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