Fiesta del Cine

¿Qué es y será del cine español?

por / Comentarios desactivados / 12 Vistas / 30 diciembre, 2014

El año 2014 ha sido un año extraordinariamente bueno para el cine español. Dieciocho millones de espectadores han llenado las salas recaudando más de 100 millones de euros, lo que supera ampliamente los 11 millones de espectadores y los 70 millones del fatídico año 2013, uno de los peores de esta industria en los últimos años.

Estas cifras parecen pronosticar un futuro excelente para el cine español, incluso aparenta estar en crecimiento. Sin embargo, según el programa 335C de los Presupuestos Generales del Estado para 2015, se prevén unos 80 millones de recaudación y 12 millones de espectadores (15 millones en una posterior corrección en la estimación).

Esto supone de nuevo una de las cifras más bajas en asistencia de los últimos años. ¿Por qué estas deprimentes predicciones? Para saberlo, hablamos con Luis Fernando de Iturrate Cárdenes, profesor de la Universidad de La Laguna y experto en cine.

El cine español actual parece vivir de los pelotazos que salen cada año como Lo imposible (2012) u Ocho apellidos vascos (2014), porque según apunta Iturrate, “el cine español actual no es un buen cine, hay buenas películas pero si miramos lo que es la cinematografía en sí, no es buena, ha habido una mejora pero tuvimos épocas, desde luego, mucho mejores”.

Eso mismo parece pensar el público español, que en numerosas ocasiones habla de nuestro cine con cierta desconfianza, expresiones como “para ser una película española está muy bien” resumen este pensamiento. Iturrate lo justifica así: “Hay que reconocer que la mayoría de las películas españolas son bastante flojas; hay muchas películas y pocas buenas, por eso el cine español no es un cine que acepte la gente”.

“Hay muchas películas y pocas buenas, por eso el cine español no es un cine que acepte la gente”

El propio Gobierno parece haber perdido también la confianza en su industria cinematográfica, ya que aporta muy poco, unos 40 millones el año pasado, frente a los 360 que proporcionó, por ejemplo, el Gobierno francés a su cine. Sin embargo, el problema no está solo en la cantidad, sino también en la falta de compromiso del gobierno por garantizar que se reparta de manera justa, y de que llegue a los que cineastas que realmente necesitan estas ayudas.

Las subvenciones

“La política de subvenciones que ha habido en este país me ha parecido nefasta –sostiene Iturrate–, las que se hacen para proyectos cinematográficos, ya sean de cortos, animación, o lo que sea, se dan y no hay ningún seguimiento de qué es lo que pasa con ese dinero”. No se sabe su destino, ni tampoco cómo distribuye, “muchas veces se quejan hasta los propios cineastas de que las subvenciones van siempre a los mismos”, agregó el profesor.

Además, lo invertido nunca vuelve: “Lo lógico es que si una película funciona y va muy bien, la subvención se devuelva, para que vaya a otro, pero en España aunque muchas veces ni se estrene la película, simplemente, se coge el dinero, se gasta y se reparte”.

“En España aunque muchas veces ni se estrene la película, simplemente, se coge el dinero, se gasta y se reparte”

Estos no parecen ser los únicos males del cine español; para colmo está el precio de las entradas, de en torno a 6 euros hasta los 8 o 9. En muchos casos incluso, sin que sean para películas en 3D. Películas, en general, malas, precios desorbitados, pocas y mal repartidas subvenciones… todo junto forma un cóctel demoledor que explica la mala situación actual del cine español, y plantea problemas para su supervivencia, al menos, tal y como se le ha conocido hasta ahora.

El futuro

Pero no todo está perdido. El cine español tiene futuro; las fiestas del cine, en las que los precios de las entradas se fijan en 2’90 euros han supuesto un rotundo éxito de asistentes y de recaudación, lo que demuestra que el cine más barato puede suponer un remedio a su mala situación, fidelizando al público y obteniendo mayores y más estables beneficios, “en el momento en que se ha bajado el precio, se ha notado que las salas se han llenado, creo que los exhibidores y las distribuidoras tendrían que pensar un poco en esto”, señala Fernando de Iturrate.

Sin embargo, esta posibilidad se ha visto reducida a esta situación puntual y el Gobierno y las distribuidoras, entre otros, siguen sin darse por aludidos; si esta situación no cambia quizás haya que empezar por modificar la producción de películas, hacer un mejor cine que atraiga al público, no por su precio, sino por su contenido, pero… ¿esto cuando pasará?, “en el momento en el que los directores empiecen a pensar que el cine va dirigido a un público y no a ellos mismos”, concluyó el experto.

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