Mesa de radio

Radios con alma

por / Comentarios desactivados / 0 Vistas / 16 febrero, 2016

Entramos en un pequeño estudio de radio. El calor es agobiante, la cristalera concentra los rayos del sol en la sala. Marcos, el realizador, está sentado en una silla (eso sí, una cómoda; el día es largo) esperando a que llegue el locutor del próximo programa para grabar. Aunque el trabajo de Marcos como realizador se parece al de muchos otros, no es igual. Él es diferente, y  la forma en la que hace radio también. Vamos a descubrir que un nuevo formato de radio local en nuestras islas es posible, una manera de ser verdaderamente independientes. En casi todos los pueblos de las islas hay al menos una radio local. Hay otras que emiten por zona y, algunas, incluso por islas. Marcos, afincado en Tenerife, conoce de primera mano la forma de hacer radio de este tipo de emisoras. Generalmente, nos cuenta, el ayuntamiento da una pequeña subvención para que la radio empiece a rodar. Es dinero público, dinero de un ayuntamiento, dinero que el partido de gobierno de ese municipio nos facilita para que nuestro proyecto siga adelante. De este modo, esa zona de la isla tiene radio propia y se preserva el artículo 20 de la constitución, que protege el derecho a expresar ideas libremente y difundirlas. Marcos trabaja en un radio local, pero esta emisora no acepta subvenciones del ayuntamiento. En teoría, ese empujón para montar la emisora es algo bueno, pero su experiencia le confirma que sólo trae problemas. Aceptar el dinero de ese ayuntamiento implica deberle un favor al grupo de gobierno, y la emisora queda relegada a cubrir los eventos que deseen. La radio en la que trabaja Marcos no acepta ese dinero por las obligaciones y compromisos que conlleva. Mientras seguimos hablando, pone música; el ambiente es relajado y en la cabina sólo está él trabajando. En este momento se emite música. La hora de entrada del siguiente locutor se acerca. Esperamos al encargado de uno de los 13 programas que realiza y produce Marcos. En todas las radios pequeñas la multitarea es lo común. En las grandes, suele haber productor y realizador; Marcos cumple ambas funciones. Eso sí, él produce a conciencia: conoce el público que escucha su emisora, sabe qué línea quiere tomar la radio, trabaja como creativo proponiendo programas o vetando aquellos que no tienen cabida en la emisora. Un verdadero productor hace lo que Marcos, define su target o público objetivo, adultos entre 34 y 50 años con trabajo, y una línea editorial en la emisora, en esta caso de corte cultural. Marcos, por tanto, es productor, realizador, editor, director; es el alma de una radio poco común. En las radios locales tradicionales no se conocen bien los trabajos diferenciados de productor y realizador, y, aunque se fusionen los papeles, no cubren ambos conceptos totalmente. Que un productor-realizador conozca el público de su emisora (que además, es necesario para la publicidad), la línea de la emisora y lo que quiere conseguir, no es muy común. Si a esto le añadimos que no aceptan dinero gubernamental, la cosa mejora.

Nace la radio local privada como tal, independiente, con una libertad total para concretar la programación, y con un gran problema, también: hay que hacer un buen trabajo de captación de publicidad para que sea rentable.

Por fin llega Rubén, el locutor del programa que hay que grabar. Le pasa el pendrive a Marcos, quien lo enchufa en el ordenador. En la emisora se realizan programas en directo y grabados, dependiendo de múltiples variables. Hay que tener en cuenta que las personas que trabajan en la radio no viven de ello. La mayoría son aficionados a los que les atrae hacer radio y quieren probar, lo que dificulta en ocasiones hacer programas en directo. Algunos no ganan nada de dinero (por decisión propia), otros sí. El sistema que utilizan para que sus locutores reciban alguna remuneración es el patrocinio. A lo largo del programa, el locutor hace algunas menciones de uno o varios productos, “este programa está patrocinado por Modas Lolita”, y el locutor se lleva la mitad del dinero. Algunos prefieren no tener que hacerlo para tener mayor libertad a la hora de cancelar algún programa. Marcos lleva tiempo maquinando en la mesa de mezclas y el ordenador. En la mesa hay dos equipos. Uno de ellos siempre está encendido para las emisiones en streaming. El otro lo utiliza para la realización. Mientras, ya ha revisado el guion del locutor, señalando aquí y allá lo que necesitaba. La intro y las listas de canciones que van a sonar están preparadas. Marcos y Rubén se sincronizan para grabar. Rubén es un novato en la radio, le cuesta un poco, y Marcos le hace señas, le habla, le corrige. Hay algún fallo (por eso no es en directo). Dirige y guía al locutor de una manera más profunda que un simple realizador y, a la vez, juguetea con la mesa de mezclas para que todo sea perfecto. Su trabajo no es fácil, y ni siquiera termina con las pinceladas que hemos dado. Para conseguir un concepto de radio independiente hay que trabajar, y personas como Marcos son quienes consiguen que funcione. Sin Marcos, no hay radio.

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