Terror Japonés

Terror Japonés

por / Comentarios desactivados / 23 Vistas / 21 octubre, 2014

El pasado catorce de octubre se estrenó, a nivel mundial, The Evil Within, el nuevo videojuego del que está considerado como el padre del terror (en aras del entretenimiento virtual, claro está): Shinji Mikami.

Las respuestas críticas, generalmente favorables, dejaban, no obstante, algo que desear. Todo el mundo tenía inmensas expectativas en este título que, al parecer, no logró alcanzar. Se cuestiona, entonces, la credibilidad de los desarrolladores japoneses. Se pone en duda el legado japonés en la industria del videojuego. Tales son las expectativas que caen sobre los hombros de alguien como Shinji Mikami. Pero, ¿qué falló, exactamente?

Lo mismo me pregunto yo.

Disponible para PC, Xbox 360, Xbox One, Playstation 3 y Playstation 4

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The Evil Within narra la historia de un detective llamado Sebastián Castellanos -que no se diga que Shinji no tiene debilidad por los españoles- al cual en un día rutinario de patrulla se le ordena investigar el asesinato en masa del personal de una institución mental. Una vez que Sebastián llega al lugar de los hechos, se desmaya por circunstancias desconocidas y, al despertar, se encuentra en un lugar completamente distinto, totalmente demencial repleto de seres grotescos que procurarán por todos los medios acabar con su vida. Una vez que el intrépido detective escapa del lugar, descubre que la ciudad de la que el proviene acaba de desmoronarse por completo tras un inmenso terremoto. Esclarecer qué está pasando se convierte, entonces, en la misión de nuestro protagonista.

La queja más recurrente que he oído hasta ahora es que “el juego no da miedo”. A su vez, se le suman (en algo que para variar sí estoy de acuerdo) los diversos problemas de optimización técnica, como son los problemas de pop-in (texturas que no terminan de cargar del todo cuando se presentan), caída de frames (hace que el juego en ocasiones parezca que va a saltos) y algunos que otros problemas con el aspecto de la resolución (Que el propio juego soluciona añadiendo dos bandas negras en los bordes superior e inferior). Otra de las quejas es que el juego es demasiado “difícil” e “injusto”.

No quiero parecer un elitista, ni descreditar a la gente que lleva muchos años más que yo analizando videojuegos en profundidad, pero si quisiera señalar que los críticos de hoy en día están demasiado consentidos por la cultura occidental. Es por ello por lo que creo, firmemente, que The Evil Within no alcanzó las expectativas impuestas. Porque es más un juego oriental que occidental. Porque favorece la originalidad japonesa a la fiabilidad americana/europea.

Porque las raíces de The Evil Within son evidentemente tradicionales al más puro estilo de nipón.

Y es una lástima, porque tampoco puedo juzgar a los críticos por estar enamorados con el modelo occidental. Desde hace unos cuantos años ya se lleva la cruzada contra los juegos japoneses, descreditándolos en su mayoría, criticando su falta de seriedad o, en una medida mucho más grave, aborreciendo el hecho de que son “juegos” y de que no intentan ser nada más. Entiendo que la gente, por la “mentalidad de grupo”, termine aliándose con la opinión general, por muy incorrecta que esta pueda llegar a ser.

Tampoco ayuda que en los últimos años, los juegos más galardonados son todos occidentales (allá queda 2008 con Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriot llevándose premios por doquier). Esto ha generado la moda de que los juegos ahora intenten siempre ser occidentales: incluso los japoneses han adoptado esta postura y han modificado su forma de trabajar para adecuarse en todos los aspectos de desarrollo a la forma occidental, ya sea en apartado gráfico, jugabilidad, trama o incluso las bandas sonoras.

Esto conlleva, claramente, a que los juegos japoneses hechos por japoneses no “vivan a las expectativas impuestas”. Pues claro que no. Pero, ¿dónde trazan la línea?

El pobre Sebastián no lo tiene nada fácil...

El pobre Sebastián no lo tiene nada fácil…

El problema de The Evil Within es que el terror está incomprendido. Me explico: la forma “occidental” de hacer terror (y no por esto quiero encasillar a todos los occidentales; rechazo las generalizaciones) consiste en la alternación de sustos rápidos. Subidones de adrenalina intermitentes. La cuestión no es crear atmósfera, sino lograr que el espectador se asuste una y otra vez hasta que lleguen los créditos.

El modelo japonés, no obstante, favorece la tensión. No le interesa que el espectador de un salto o dos de la silla por un susto momentáneo: le interesa que a la persona le recorra un escalofrío durante todo el proyecto. En ocasiones, ni siquiera hay susto: tan solo el poder de la sugestión sumado a nuestra propia imaginación. Esta es la pauta que sigue The Evil Within. El juego no busca que demos un grito de terror porque un buen giro de cámara nos asusta: el juego busca que nos sintamos mal por los diseños grotescos, la atmósfera de luces y sombras impecable, la tediosa pero excelente banda sonora y por lo impotente que es Sebastián ante el peligro. El juego busca que nos lo pensemos dos veces antes de lanzarnos contra el enemigo. Que sintamos que somos incapaces de conseguirlo.

Que, a la hora de huir, tengamos un nudo en la garganta por si no lo logramos.

Ahí es donde se mezcla, en parte, la dificultad del juego. A pesar de que podemos seleccionar la opción “fácil”, el juego dista mucho de serlo. A diferencia del modelo occidental, nuevamente, (pero que no en todos los juegos occidentales pasa esto, aclaro) se favorece la escasez de recursos. Cada bala cuenta, incluso cuando pensemos que tenemos suficientes. La munición no se cuenta por paquetes, sino por cartuchos individuales. A veces es mejor esconderse que enfrentarse a los terrores que acechan en la oscuridad. Y eso, eso es lo que el terror japonés intenta captar, y que, para mi sorpresa, The Evil Within consigue.

No quiero decir que The Evil Within sea una obra perfecta. Le fallan cosas, como es la optimización gráfica que ya señalé antes, o por ejemplo, que en algunos episodios flojea un poquillo (incluso en ellos se ve un acercamiento occidental, que, por suerte, queda suprimido en posteriores episodios). No digo que The Evil Within sea un 10/10. No digo que la gente tenga que ir a comprarlo ahora sí o sí. No digo, tampoco, que a todo el mundo le tenga que gustar igual que a mí. Tan solo digo que muchas de sus críticas están poco justificadas por culpa de las raíces orientales que el juego muestra sin timidez.

Para todos aquellos que disfrutan del terror japonés, The Evil Within es indispensable.

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